jueves, 13 de marzo de 2014

martes, 21 de enero de 2014

martes, 31 de diciembre de 2013

Blasfemia



Cuando tenía tiempo, jugaba, como John Cusack en High Fidelity con las canciones y las novias, a hacer listas de mis películas y de mis palabras favoritas. Del cine que me gusta no quiero hablar ahora porque la vamos a liar otra vez que anda don Lars de estreno. De las palabras diré que hay dos que han perdurado siempre como mis preferidas: acurrucado, me imagino que porque me cuesta desprenderme del romántico que llevo dentro, y blasfemia, porque la religión siempre me ha provocado más rebeldía que rechazo. Y aunque yo sigo fiel a esa voz, me gusta como suena, ella sí que ha cambiado con los tiempos.
Etimológicamente no tiene nada que ver con crucifijos, versículos o papas. Viene del griego y afortunadamente sí es una injuria pero contra el honor, ese tan denostado últimamente. Nuestra real academia, a veces mayúscula y a veces minúscula y no exenta de poder divino, la acepta en su primera acepción como injuria grave contra Dios, el de aquí, supongo, y así es el uso más común que le damos. Recuperándole sus raíces, blasfemar es ofender.

¿Y a qué viene esto un 31 de diciembre y en un escrito a modo de saludo y felicitación para los amigos? Creo que es la fecha. Invita a hacer balance y el balance es que no creo que haya nadie de mi gente que no se sienta ofendido.

Tenía un número bonito este 2013 pero venía mal encarado y no pudo hacer nada. Salió mal, no acabó de colocarse durante la carrera y llegó de milagro, en el pelotón de los rezagados y a punto de cerrarse el control. A los blasfemos sí que les dio tiempo a sancionar unas cuantas leyes perversas para que las uvas de esta noche no sean más que eso, uvas. No sea que de tan desesperados nos de por cocerlas con las lentejas en una cazuela roja y armar la de dios, ejem, porque haberlas haylas.


Acostumbro a hablar de mí cada año por estas fechas pero me parecía una blasfemia contar las bienaventuranzas y correrías que me habían sucedido en estos doce meses innombrables para algunos. No me siento capaz. Apenas si puedo balbucear que soy un tipo que se adapta a la mayoría de las circunstancias, por una heredada cobardía, pelotazo fuera para no sentirme culpable, pero que sin remedio a comenzado a sentir el cosquilleo de la rebeldía necesaria. Una rebeldía mística porque hay que combatirlos con sus mismas armas y la utopía, esa exageración imprescindible para creer que estamos a tiempo, que tenemos razón, que esto que nos han vendido no es el modelo que queremos, nos tiene que devolver la ilusión. Y si hay que dar más pasos al frente y ofender pues se dan. Para blasfemos, nosotros. Con las Uvas de la Ira, vaya, otra vez el cine.




lunes, 31 de diciembre de 2012

Agradecido
El sol me da en la cara. Va hacia el mar. El titanio que sostiene mi calavera se estira y yo agradezco esas vibraciones. A estas alturas -de año, de vida, de hora del día- debería estar agradecido por seguir vivo. Y lo estoy. No al mismo que la tradición exige. Lo mío es plural. Si gozo de buena salud y como buenos alimentos no es gracias a ningún dios, antes omnipresente y ahora corporativista y con sucursales, ni a sus supuestos mensajeros que nos quieren hacer creer que no hay otra salida que hincar la rodilla. Yo sigo vivito y coleando gracias a mis amigos, mi familia y mi compañera. Y con ellos me sacudo y arranco cada día. Yo sigo vivito y colendo gracias a un montón enorme de gente repartida por el mundo que regala su tiempo, su salud y su vida para mejorar la mía, sin conocerme, sin esperar mi aplauso ni otra recompensa que no sea el respeto a sus derechos.

 Pienso en el privilegio que eso supone y que nunca podrán tener algunos aunque les hagan estatuas ecuestres -cuesten lo que cuesten :-) Y digo a los miopes, que no nos hace falta interpretar calendarios ni hacernos socios de ningún club galáctico para adivinar lo que quieren. Basta con abrir los ojos para madurar en un periquete. Mirando alrededor se puede ver claramente que el destete está siendo violento para algunos y necesario para todos.

 El sol juega a desaparecer entre las últimas nubes de este último día del año. El frío le gana la partida a mi espalda. Levanto el campamento y entro en la casa. Es hora de las llamadas de rigor y de preparar la cena. Hay tradiciones de las que no queremos escapar. Mañana el sol volverá a estar ahí. Los sicarios también lo saben. No dejemos que nos cuenten lo contrario. ... 

http://www.youtube.com/watch?v=W_bBinHBbZ0

domingo, 12 de febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Pibe

Me he hecho un análisis de sangre. Me parece que cincuenta es una palabra estable pero limítrofe, mucho más que un número medianero y común. Ya me han dado los resultados. Tenía curiosidad por saber si mi tiempo me había pasado factura y además, como sólo me gustan las sorpresas buenas, mi intención era hacer una buena defensa, quitarle la pelota limpiamente a cualquier delantero malintencionado. La realidad es que salí tan bien parado del dentista que me envalentoné y pensé que otra alegría en tiempos de poca lírica y mucho palo me vendría estupendamente. Dicho y hecho. Estoy como un chaval, mejor que a los cuarenta, como un pibe en el sentido más rioplatense de la palabra.

Fuera del ámbito charrúa los primeros que me llamaron pibe fueron Juan y Jandira en aquella Pontevedra acariciada por la movida viguesa de los tempranos ochenta. Los dos eran clientes asiduos del restaurante donde yo trabajaba de pinche de cocina para una pareja también de dos no tan enamorados. Jandira, una brasilera retinta, se reía cada vez que me llamaba así y Juan, un gallego de pro que sabía de mis discretas conquistas, soy del lado oriental de la orilla, le fue poniendo la mayúscula a base de miraditas cómplices y mucho estribillo y el apodo al final cuajó.

-¡Que viene su marido, Pibe!
- Gracias, Juan. Vos sí que sos un amigo.

Yo era flaco, muy joven y hablaba con la ye moldeando las palabras hasta hacerlas de azúcar. ¿Qué me iban a importar a mí su marido o el colesterol?

El caso es que arrastré durante aquel tiempo de adaptación la denominación de origen de Pibe.




Al año las circunstancias me hicieron dejar de serlo. Mi viejo se piró para siempre aferrado a un paquete de Ducados y en un segundo tomé muy malamente las riendas de la casa. Tan mal lo hice que incluso perdí el apodo.

Ahora que lo pienso puede que lo que quisieran los demás capitaneados por Juan y Jandira fuera ayudarme en la reconversión. Pero no es nuevo que soy curioso y me va aprender a los porrazos. De siempre. Así que salí a comerme el mundo con el cuento de que volvería lleno de especias, una vez más.

Volví al tiempo, como hacemos los que andamos para adelante desinteresadamente, para sacudirme y empezar de nuevo. Siempre estoy en esas, aceptando y perdiendo apodos. He dado mucho y me han dado más de lo que esperaba. Y lo curioso del caso es cada vez estoy en mejor forma para dar, para comerme el mundo junto a la persona que quiero. Los análisis lo confirman, estoy mucho mejor que a los cuarenta, como un chaval, como un Pibe.



martes, 27 de diciembre de 2011

Dinamita (christmas 2012)




Dice mi amigo Luis, y no le falta razón, que hay que dinamitarlo todo, que nuestro diseño está agotado, y además, agota a nuestro cerebro que ya no sabe qué hacer para reciclarse.

Yo hubiera podido no prestar atención a sus reflexiones, estamos en Navidad y tenemos la costumbre de bendecir continuamente hechos y pensamientos que nos entran por un oído y nos salen por el otro sin inmutarnos. Pero los cartuchos los estaba depositando en mi cerebro un tipo hecho y derecho, que todavía conserva su casa y su trabajo y que no ha tenido que indignarse porque ya lo está desde hace mucho tiempo, un tipo que se dedica a algo aparentemente tan banal e innecesario como el teatro.

Sinceramente creo que el grandullón de Luis se refiere de verdad a colgar indiscriminadamente de la Vía Láctea códices y monedas, estatutos y bienestares pero también, y es ahí donde él espera que yo colabore encendiendo la mecha, a reventar de una vez por todas esas ideas disfrazadas de modernas pero obsoletas e injustas que nos rigen de manera dictatorial.

Ahí es nada.





No he podido evitarlo, he entrado a saco en su propuesta. Tal vez porque las gentes con futuro me nacen por todas partes y ahora incluso los veo más chiquititos e indefensos que antes, tal vez porque presiento que se acercan algunos finales inevitables y por lo tanto dolorosos e injustos también, tal vez porque ha coincidido que por azar o por ganas de vivir, ojalá que por rebeldía, estoy volando por los aires en una explosión abierta y fecunda que el cuerpo y la mente me pedían desde hace 38 meses como mínimo.

Soy yo el responsable de mi esparcimiento. Y me niego a renacer, construir o como diantres se diga, egoístamente un nuevo Ricardo. Se trata, y ahí está la suerte que hay que echar, de rebuscar entre los pedazos para rescatar esas ideas justas y esos sentimientos solidarios que nos vienen de fábrica, personales e intransferibles como Messi y que son los únicos que nos pueden amaestrar el corazón y la piel, esas dos cosillas que tanto necesitamos que nos toquen.

Se trata, y ahora entiendo a Luis que no habla ni le gustan los baldíos, de zambullirnos en el baúl de nuestras conciencias abrazados a una ristra de cartuchos de dinamita como Pierrot, le fou, pensando que sin todos nosotros no se puede.




Feliz explosión 2012,
os quiero a todos y os necesito para que me echen mecha, nomás.
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