viernes 10 de diciembre de 2010

Paladares


La Habana Vieja

En estos dos últimos días he alimentado mi ocio-trabajo viendo algunas películas. Entre ellas un documental uruguayo, Mundialito, que habla de aquel torneo futbolístico de 1980 y del plebiscito que perdieron los militares unos días antes. También fui a ver la última película de María Novaro, la de Danzón, que se titula Las buenas hierbas aunque para mi gusto las hierbas no acaban de curarla del todo a la película.

El tiempo no acompaña, temperatura invernal, dice la radio, y yo le contesto mientras me cepillo los dientes a toda prisa para ver si llego a tiempo al pase que no tienen ni idea de los que es un invierno. De todas maneras me he tenido que comprar una sudadera de abrigo. Las venden los chicos de la Escuela de cine de los mundos de San Antonio de los baños, hacen virguerías para financiar los proyectos.

A menudo no llego. Casi nunca llego. Bajas al lobby y siempre hay alguien a la vuelta. Que si te vienes a La esperanza, un paladar de toda la vida que no te puedes perder, que si te vienes a un paladar nuevo que dicen que es increíble. Y yo me engancho y voy. También hay que alimentar el estómago, paladear, nunca mejor dicho, la comida de estos peculiares restaurantes cubanos que siempre trascienden al ámbito culinario.

Después está la parte social del asunto. Lo que nos aterra a todos es deambular solos por el hotel del festival. En estos sitios uno necesita de la compañía, de la anécdota, del consejo de los otros. Te vas de copas o a ver una película con gente que acabas de conocer y te enzarzas en discusiones de todo tipo o le abres tu corazón sin tapujos porque a estos sitios uno no viene a defender su territorio, aquí uno viene a compartir. Y si no has visto su película, sales corriendo a verla en cuanto puedes. Te guste o no, ir a ver la película de ese amigo reciente es un gesto que en un festival de cine vale mucho.

Ayer me zampé un más que agradable menú social. Por la mañana una interesante película costarricense que como soy como soy... ¡ya había visto en el festival de Chicago! Agua fría de mar en compañía de Manuel Martín Cuenca (hoy voy a ir a ver su última película La mitad de Óscar) y por la tarde comida y café con paseo turístico de la mano de Vladimir Cruz y la troupe de su película Afinidades (hoy voy a ir a verla:-) incluyendo a la bellísima Cuca Escribano que aquí es la mamá de Cata de Sin tetas no hay paraíso de la misma manera que Vladimir, a pesar del paso de los años, sigue siendo aquel imberbe comunista seducido por un espectacular Jorge Perugorría en Fresa y Chocolate.

Ahora los dejo que después me pasa lo de siempre. Tengo que lavarme los dientes que no quiero llegar tarde al cine ni meterme a ver una película que ya he visto.


Calle Rayo en el barrio chino de La Habana

1 comentarios: