martes 30 de agosto de 2011

Paraísos




Me gustan los aeropuertos, me siento cómodo en ellos. Será porque siempre estoy yendo o viniendo, será porque estar quieto para mí es como dormir, una pérdida de tiempo.

Atardece con sol, ahora que me voy, en el aeropuerto de la ciudad que para un ciclista y viajero como yo siempre fue el paraíso: Amsterdam.

Daniella, mi amiga uruguaya en Holanda, se tuvo que ir aún más al norte a enterrar a un sobrino que se zampó la vida en unos pocos segundos y además de la pena me dejó en compañía de Milo, un chihuahua peludo, su bicicleta y la lluvia.

Con Milo nos entendimos bien. Con la lluvia como que no había más remedio. Y con la bicicleta nadie dudaba de que iba a estar en mi salsa. Pero, claro, no contábamos con los lugareños.

Al paraíso se le suponen florcitas y algo de verde pero la selva, por más que se le parezca, no es el paraíso. Y Holanda, créanme, es la selva de las bicicletas con más reglas y peligros que el Amazonas.

Si te despistas te come un jaguar o un porche carrera. Si tienes el día torpe puedes acabar en la panza de una boa tranvía. Y si no espabilas los de tu especie te pasan por encima además de timbrarte constantemente la canción del odio al turista. Y es que uno va como lo que es mirando vidrieras.



No se crean que me amilané. Novato y todo hice mis pinitos de día y de noche, en seco y en mojado y fiel a mi estilo me perdí por los canales del barrio rojo y de otros barrios más de una vez.

Además, hice un amigo para las cervezas y el porro imprescindible (esto es Amsterdam, no lo olviden), encontré otro paraíso, el de Ascis, y me compré unos zapatos para el invierno. Antes de irse Daniella me llevó a un pueblito típico de las afueras, visité Utrech que se pronuncia con j al final y me levanté el último día a las siete para hacer cola, quién me lo iba a decir a mí, en el museo Van Gogh donde pude ver a los cuervos del mal augurio y a la habitación descuajeringada y unas pocas pinturas de Gauguin y Toulouse Lautrec que tanto me gustan.

Lo mejor fue el UIT Festival. Tres días de música y teatro en cinco escenarios simultáneos en una plaza del centro de la ciudad. Muy buena música, muy buenos grupos.

Me tiembla el titanio de la mandíbula, estamos bajando. El viaje ha durado menos de lo previsto, estos del low cost ya no saben qué hacer para abaratar los billetes.

Sole y David dicen que Berlín sí que es el paraíso de las bicicletas.

Tocamos tierra y en nada de tiempo un tren me acerca a la tan mentada Alexander Platz, pronto sabré si dicen la verdad o sólo querían que viniera a visitarlos...



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6 comentarios:

  1. muy bueno tio
    me alegro de que lo estes pasando bien

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  2. ¡¡Gracias, Sobri, cuídate mucho y un beso a todos!!

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  3. GLOBERO SIN CASCO Y PERDIDO, COMPRATE UN MAPA, DISFRUTA QUE LUEGO NOS LO TIENES QUE CONTAR TODO..................

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  4. jaja, los tres tenemos que venir juntos aquí ¡menudo pelotón!

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  5. "No puedo vivir sin tí.
    No hay maneeeeera.
    No puedo estar sin tí.
    No hay maneeeeera-aaaaa."

    En Moscú te espero
    comiendo huevo!

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  6. acabo de cerrar la maleta
    pa Moscú me voy
    aunque sólo tengas galleta!

    "...por las cosas que me dices
    veo la cosa mucho mejor..."

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